viernes, 5 de marzo de 2010

Lluvia


De repente ella tenia el mundo en sus manos, tenía sus manos quemadas, las tenia vendadas... las tenia sin fuerzas. Recitaba poemas, preciosos, en calles con lluvias torrenciales. Vestía de gris, de verde, de marrón, a veces se le colaba el rojo y jamás utilizó un rosa. Tenia los ojos grandes, grandes y preciosos, tapados con unas modernas gafas de sol, bajo la lluvia.
No llevaba paraguas, ya que las gotas cayendo por su cara, por su dulce y colorada mejilla, columpiandose por el filo de su nariz, mojando labios, vaqueros y zapatos chapoteando en la calle, era el sonido perfecto, precioso.
Lo extrañaba demasiado, no le quedaban uñas que comerse, paseaba por la lluvia sin interés, sin frío, con frialdad. Hacia semanas enteras que tenia la música descuidada, los dedos cada dia crujían menos, y le dolía más el cuello, los párpados pegados, buscando escapismos a velocidades inimaginables... buscando magia donde no la habia, tirando horas, donde antes faltaban ahora sobraban...
El cine le daba la vida. El cine, ese a quien tenía por un extraño desde hace años ya... su pelo, loco, rizado, despeinado, recien vuelto de trasnochar noche tras noche, recien salido de una ducha rejuvenecedora, recién levantado, era maleable, pero la sacaba de quicio.
Vacío. El vacio interior, no habia comida, sólo el alcohol tenía cabida, abundantes cigarros rubios, manifestando su deseo de ser pisoteados, de ser consumidos y saboreados, asqueroso sabor de boca. Tenía poco tema de conversación, pocas imágenes, pobres y pocas palabras, demasiado sentimiento de algo pero no saber de qué exactamente, indiferencia ante aspectos bastante importantes, y diferencia en poquisimas cosas sin importancia alguna.
Cuando bebía agua fría del grifo, a las cinco de la mañana, sin haber dormido ni una hora digna de sueño, notaba como recorria el agua su cuerpo, a lo largo de órganos inecesarios, de un tremendo vacío, cada uno de ellos se enfriaba, se mojaban, cae. Cae el agua como si de una moneda se tratase en el fondo de un pozo vacío, y se tambaleaba en su estómago, y giraba, y se fue

4 comentarios:

Campbell dijo...

Muy bueno :)

Me recuerda a aquello de "La lluvia me hace sentir vivo"

Marianna dijo...

La lluvia da la vida, deberías dejar de ponerte la capucha cuando llueve. ;)

Campbell dijo...

Es para ocultar la alopecia galopante xD

Marianna dijo...

jajajaja, para nada!