miércoles, 12 de mayo de 2010

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Me he dado cuenta de que puedo quemar la casa del vecino.
De que me gusta a partir de hoy la leche sola y sin azúcar, diez y nueve años odiandola y échandole kilos de azúcar a la hora de tomarla por obligación, y de repente me gusta. Es complicado por que no sé hasta que punto puede llegar a engordar, la coca cola me gusta y engorda, pero no siempre la hay en casa, pero leche siempre hay, y tan fría, está tan buena.
Es como cuando hace poco menos de un año empezó a gustarme la cebolla, o hace un año la mostaza, que sera lo proximo, ¿el ketchup? No, el ketchup nunca me gustará.
Me he dado cuenta tambien que al salir a fumar a la terraza el cigarro sabe peor, y la melancolía, (y yo no soy de melancolias) recorre mi cabeza, y me inunda con su estupidez mórbida. Sí, tambien es complicado... fumar digo. Me he vuelto inmune a los sentimientos estúpidos y sin sentido.
Esto es esa clase de cosas que pasan a las 2.41 de la madrugada, te da por escribir estupideces y como sabes que ahora nadie lo leerá, no te echa para atrás la vergüenza, el pánico escénico. Así que mañana ya habrá lugar para ruborizarse, y para beber leche, por segunda vez en mi vida y con gusto de ello.