martes, 6 de septiembre de 2011

Federico.

 Era un niño callado, rubio, ojos marrones los días grises, y verdosos los soleados. 
Siempre iba vestido con una chaqueta verde, y engañaba a mi madre diciéndole que venia a jugar con mi hermano, pero a Bruno le parecía un completo imbécil. 
A mi me fascinaba, estaba completamente enamorada de ese chico. Venia a casa y en vez de jugar al fútbol con mi hermano, jugaba conmigo a las Barbies, o a las muñecas. Era el hombre perfecto.
Su madre lo traía hasta mi casa en una especie de 4x4. Hablaba un rato con mi madre y se iba, volvía a recogerle siempre algún hermano o hermana suya mayor. 
Era tímido, y simpático, aunque un poco raro. En clase todos se reían de el, pero a mi me fascinaba. Me encantaba ese chico. Eramos unos niños, pero me gustaba cuando venia a mi casa algún domingo y se ponía a jugar conmigo con las barbies o los playmobil en el lavabo haciendo como si fuera una piscina.

Luego no se que pasó, se acabó, como se acaba todo en esta vida, no recuerdo ni como, ni cuando, ni porqué. Las cosas se nos olvidan, y nos queda lo bueno, por mas que hayan pasado mas de diez años y esta historia sea una tontería. 

¿Quien no se enamoró con nueve años de su amiguito que no sabia jugar al fútbol y jugaba contigo a las chorradas que tu querías?

Ten nueve años y enamorate, es la edad perfecta; cuando de verdad sepas quien eres, ya no recordaras aquello. 

No hay comentarios: